domingo, 28 de junio de 2009

COGE EL BIBERÓN

Después de todo este tiempo, Kika está tan integrada en la familia, que reconoce las voces. Si la llamas sale de su escondite y viene a lamerte la mano.
Un día por la mañana con la primera toma de leche, se puso tan nerviosa que cuando Rosa abrió la gran caja de zapatos, Kika pegó un salto tan fuerte, que casi le da en la cara. Hay veces que Rosa le acerca el biberón y Kika lo coge con fuerza entre sus patas.

PIS EN EL SOFÁ

Pero no todo son alegrías. Como si de un cachorro se tratara cuando Kika se queda sola en casa también hace trastadas. Carlos y Rosa tenían que ir de comunión, así que la dejaron en el salón, confiando en que estaría debajo del sofá, su sitio preferido. Pero cuando volvieron a casa, abrieron de golpe la puerta del salón y allí estaba ella, encima del sofá, le faltaba sólo el mando en las patas. Bajó de un salto y se escondió. Y otra vez a lavar las fundas de Ikea porque Kika se había hecho pis dos veces.

DESCUBRIENDO LA COMIDA

Con la llegada de nuevos dientes llegan también las ganas de probar cosas diferentes, como el tomate Cherry, galletas, manzana, zanahoria. Todo está muy bueno al principio, pero para Kika el entusiasmo no dura mucho. El primer día que probó el tomate Cherry le encantó, al día siguiente ya no le apetecía. Menos las galletas Marielu, que la vuelven loca todos los días.

¿KIKA O KIKO?

Fue precisamente el padre de Carlos (el abuelo) quién planteó la cuestión:
- Oye Rosa, ¿cómo sabes que esta liebre es hembra?
- Pues…no sé siempre la he tratado de ella, la verdad es que en el centro de recuperación de animales se me olvidó preguntarlo. Y alguna vez la he mirado pero yo no veo nada claro.
-Te lo digo, siguió el padre de Carlos, porque los machos corren con las orejas muy tiesas, como Kika.

LOS ABUELOS

Hay veces que entre semana Rosa no se puede hacer cargo de Kiki y se la lleva a los padres de Carlos, que están encantados, porque es un animalillo muy simpático. Se queda dormida en el regazo de Carmencita (la abuela) y juega con Álvaro (el tío).

CENANDO

El otro día fui a cenar a casa de mi hermana. Primero hicimos la compra y luego, una vez en casa ella y Carlos prepararon la cena.
Mientras tanto, yo en el salón intentaba que Kika jugara conmigo un rato:
- ¡Vamos Kiki!, ¡sal a saludar a la tía Ruti! Ni caso, donde esté un perro…que se quiten las liebres.
Pero cuando empezamos a cenar, Kika salió de su escondite y empezó a recorrer el salón con sus pequeños saltitos de un lado para otro, si te descuidabas la tenías a tu lado quieta, esperando que dejaras caer una mano para lamerte y poder notar tu calor.

DEBAJO DE EL SOFÁ.

Kika no para de crecer y Rosa le ha tenido que acondicionar un espacio más grande que la caja de zapatos, debajo del sofá.
Ahí tiene ahora su reino particular acomodado con hojas de papel de periódico extendidas, por si se hace pis, y otras cortadas en tiras que le proporcionan un nido y un rinconcito seguro.